¡Bienvenidos a la primera inmersión profunda en la historia de la Capoeira carioca! En esta sesión, desenterraremos los orígenes de este arte en la "Cidade Maravilhosa" y exploraremos el turbulento siglo XIX, una era marcada por la clandestinidad, la formación de temidas bandas urbanas y una brutal persecución que intentó, sin éxito, erradicarla.
1. La Llegada al Río de Janeiro Imperial: Un Crisol de Culturas y Resistencias
La Capoeira no llegó a Río de Janeiro en un solo barco, sino que se gestó y floreció a través de un proceso continuo y doloroso: el tráfico transatlántico de africanos esclavizados. Desde el siglo XVIII, y de manera masiva a lo largo del XIX, el puerto de Río se convirtió en uno de los principales puntos de desembarco de africanos en América, superando incluso a Salvador de Bahía en volumen de llegadas en ciertas décadas. Con ellos, llegaron sus lenguas, sus religiones, sus músicas y, por supuesto, sus formas de lucha y expresión corporal.
En las senzalas (barracones de esclavos) de las plantaciones cercanas a Río, en los quilombos (comunidades de esclavos fugitivos) que se formaban en los morros y zonas rurales, y de forma clandestina en los rincones de los barrios populares de la propia ciudad, estas prácticas comenzaron a fusionarse. La necesidad de defensa personal contra la brutalidad de los capataces y la policía, la urgencia de mantener viva una identidad cultural frente a la deshumanización de la esclavitud, y el deseo de expresar la alegría y la tristeza de su existencia, dieron forma a lo que hoy conocemos como Capoeira.
En el Río de Janeiro Imperial, la Capoeira se manifestaba de forma velada. Los movimientos de lucha se disfrazaban de danza en las fiestas populares, en las celebraciones religiosas (especialmente aquellas ligadas a las religiones de matriz africana, como el Candomblé, que ofrecían un espacio de sincretismo y resistencia), o en los momentos de ocio permitidos. Esta "disfraz" fue una estrategia brillante: permitía a los esclavizados entrenar sus cuerpos y mentes para el combate sin levantar sospechas directas de rebelión. La ginga, ese balanceo constante, no era solo un movimiento de danza, sino una base fundamental para el ataque y la defensa, manteniendo al capoeirista en constante estado de alerta y desequilibrio para el oponente.
2. Los "Capoeiras" Urbanos y las "Maltas": Del Margen a la Fuerza Social
Con la abolición del tráfico de esclavos en 1850 y, finalmente, la abolición de la esclavitud en 1888, la Capoeira experimentó una transformación crucial. Miles de ex-esclavos, ahora "libertos" pero sin tierras, trabajo ni apoyo social, migraron a las ciudades, especialmente a Río de Janeiro, buscando una nueva vida. Muchos se encontraron en la pobreza y la marginalidad, y la Capoeira, que ya era una habilidad de supervivencia, se convirtió en una herramienta para navegar este nuevo y hostil entorno urbano.
Fue en este contexto que surgieron y se consolidaron las famosas "maltas de capoeiras" o "quadrilhas". Estas no eran simplemente grupos de practicantes; eran verdaderas bandas urbanas, con una estructura jerárquica, códigos de conducta internos y, a menudo, un control territorial sobre barrios específicos de la ciudad. Los "capoeiras" (como se les llamaba a los miembros de estas maltas) eran conocidos y temidos por su destreza en el combate cuerpo a cuerpo, su agilidad y, crucialmente, su dominio del uso de armas blancas, en particular la navaja y el porrete (un garrote de madera).
Las maltas de Capoeira en Río se involucraban en una amplia gama de actividades, que iban desde la autodefensa en un entorno urbano peligroso hasta la participación en actividades ilícitas y, sorprendentemente, en la política. Eran contratados por políticos y figuras influyentes para:
Intimidación y violencia política: Durante las turbulentas elecciones del Imperio y la naciente República, las maltas eran usadas para intimidar votantes, atacar mítines rivales o proteger a sus propios candidatos. Su capacidad para generar desorden y caos en las calles era una herramienta poderosa en manos de los políticos.
Disputas territoriales: Frecuentemente, las maltas se enfrentaban entre sí por el control de zonas de la ciudad, lo que llevaba a violentos altercados callejeros que aterrorizaban a la población.
Actividades delictivas: Robos, asaltos y la protección de negocios ilegales también formaban parte de su repertorio, lo que cimentó su reputación de criminales y desestabilizadores sociales.
Nombres como "Flor da Gente", "Guaiamuns" y "Nagoas" se hicieron tristemente célebres en los periódicos de la época, que a menudo reportaban sus enfrentamientos y fechorías, contribuyendo a la demonización de la Capoeira.
3. La Paradoja de la Guerra: Capoeiristas en la Guerra del Paraguay (1864-1870)
En un giro irónico del destino, las mismas habilidades que hacían a los capoeiristas temidos en las calles de Río, se volvieron valiosas para el Imperio Brasileño durante la Guerra de la Triple Alianza (1864-1870), uno de los conflictos más devastadores de la historia sudamericana. Brasil, necesitado de tropas, recurrió a una medida desesperada: ofreció la libertad y la reducción de penas a esclavos y convictos a cambio de su servicio militar.
Entre los "Voluntarios de la Patria" que se alistaron, numerosos capoeiristas de Río de Janeiro y otras regiones fueron enviados al frente. Su participación fue crucial y destacó por varias razones:
Combate cuerpo a cuerpo: En las brutales trincheras y los enfrentamientos directos, la agilidad, la fuerza y el dominio del combate sin armas o con armas improvisadas de los capoeiristas les otorgaron una ventaja letal. Su capacidad para esquivar golpes, desequilibrar al oponente y contraatacar con rapidez era formidable en la corta distancia.
Movilidad y astucia: Acostumbrados a la clandestinidad y a moverse por terrenos difíciles, los capoeiristas demostraron ser excelentes para operaciones de reconocimiento, asalto sorpresa y emboscadas, utilizando su "malícia" para confundir al enemigo.
Resistencia: La exigente práctica de la Capoeira forjaba cuerpos resistentes, capaces de soportar las duras condiciones de la guerra.
Aunque el gobierno los criminalizaba, en el campo de batalla, su valentía y eficacia les valieron un respeto (aunque a menudo tácito) por parte de sus superiores y compañeros. Al regresar, algunos obtuvieron cierto estatus y una efímera "tolerancia", pero la percepción social y legal de la Capoeira como una actividad delictiva persistiría.
Click aqui "La Capoeira en la Guerra de Paraguay" para leer una publicación completa sobre el tema.
4. La Criminalización Definitiva: El Código Penal de 1890
A pesar de su papel en la guerra, la victoria de la República en 1889 trajo consigo un renovado ímpetu por el "orden y progreso". Las maltas de capoeiristas, que habían demostrado su poder en las calles y su peligrosidad, volvieron a ser el blanco principal. El nuevo gobierno, ansioso por proyectar una imagen de nación moderna y civilizada, vio en la Capoeira un vestigio "bárbaro" y anárquico del pasado.
El golpe final llegó con la promulgación del Código Penal de 1890. En sus Artículos 402 , 403 y 404, se criminalizaba explícitamente la práctica de la Capoeira, con penas severas que incluían prisión y trabajos forzados. La policía de Río, bajo la dirección de figuras como el famoso jefe de policía Sampaio Ferraz, llevó a cabo una brutal campaña de represión. Estos artículos, que formaban parte del capitulo XIII titulado "Dos Vadios e Capoeiras" (De los Vagos y Capoeiras) hicieron que miles de capoeiristas fueran arrestados, torturados, encarcelados y muchos deportados a prisiones remotas como la Isla de Fernando de Noronha o la Isla Grande, en un intento sistemático de "limpiar" la capital de su presencia.
A continuación, se presentan los artículos mencionados:
Artículo 402: "Hacer en las calles y plazas públicas ejercicios de agilidad y destreza corporal conocidos por la denominación de capoeiragem; andar en correrías, con armas o instrumentos capaces de producir una lesión corporal, provocando tumultos o desórdenes, amenazando a persona cierta o incierta, o infundiendo temor de algún mal: Pena – de prisión celular por dos a seis meses. Párrafo único. Se considera circunstancia agravante pertenecer el capoeira a alguna banda o malta. A los jefes, o cabezas, se les impondrá la pena al doble."
Artículo 403: "En caso de reincidencia, se aplicará al capoeira, en el grado máximo, la pena del artículo 400. Párrafo único. Si fuera extranjero, será deportado después de cumplida la pena."
Artículo 404: "Si en esos ejercicios de capoeiragem perpetrara homicidio, practicara alguna lesión corporal, ultrajara el pudor público y particular, perturbara el orden, la tranquilidad o seguridad pública, o fuera encontrado con armas, incurrirá acumulativamente en las penas conminadas para tales crímenes."
Puede encontrar el texto completo del Código Penal de 1890 en el sitio web de la Cámara de Diputados de Brasil:
A pesar de la persecución, la Capoeira no desapareció. Se refugió en la clandestinidad, en los morros (favelas), en los terreiros de Candomblé y en las periferias urbanas, transmitiéndose de forma secreta de generación en generación. Los capoeiristas desarrollaron aún más su "malícia" y su capacidad de adaptación para sobrevivir en un entorno hostil.
5. Figuras Legendarias de la Época: Héroes y Villanos en la Memoria Popular
Aunque los registros son escasos debido a la clandestinidad y la represión, la memoria popular y algunas crónicas de la época preservaron los nombres de capoeiristas que se convirtieron en leyendas en el Río de Janeiro del siglo XIX:
Manduca da Praia: Quizás el más célebre de los capoeiristas de la época. Famoso por su fuerza física, su habilidad con la navaja y su resistencia indomable a la policía. Se cuentan innumerables historias de sus enfrentamientos y sus espectaculares fugas de la cárcel. Fue una figura que inspiraba tanto temor como admiración.
Ciríaco: Otro capoeirista legendario, asociado a la astucia, la "malícia" y la capacidad de escapar de las situaciones más difíciles. Se le atribuían habilidades casi sobrenaturales para desaparecer o desorientar a sus perseguidores.
Madame Satã (João Francisco dos Santos): Aunque su auge fue más a principios del siglo XX, su figura es heredera directa de esta tradición de capoeiristas "malandros" de Río. Fue un capoeirista, travesti y figura icónica del barrio de Lapa, conocido por su fuerza, su habilidad en la Capoeira y su resistencia a la policía y a los prejuicios sociales. Su vida es un puente vivo entre la Capoeira clandestina del siglo XIX y su resurgimiento.
Es importante destacar que, si bien la Capoeira era parte del paisaje social y cultural de la capital imperial, un reflejo de las tensiones raciales y sociales de la época, la "corte" interagía con ella a través de la represión y la curiosidad, pero no como practicantes. La migración constante entre Salvador de Bahía y Río de Janeiro también significaba que las influencias y los conocimientos de Capoeira se compartían, enriqueciendo el arte en ambas ciudades.
Este período oscuro y fascinante sentó las bases para la compleja relación de la Capoeira con la sociedad brasileña, una lucha por el reconocimiento y la dignificación que duraría décadas, y que exploraremos en las próximas sesiones. La Capoeira, lejos de ser erradicada, se fortaleció en la clandestinidad, esperando su momento para resurgir.
